Texto curatorial Salón de Arte Joven del Meta, 2018

21 obras en exhibición de 24 artistas entre los 18 y 26 años, cuestión de edades no de juventud. Me refiero a que se ha dicho que el artista es el eterno joven ¿Qué quiere decir eso? Es fácil, siempre está indagando, se recrea día a día, no tiene certezas, evoluciona, no pierde la capacidad de asombro; por eso los artistas jóvenes sospechan de esos viejos artistas que han “alcanzado un estilo” y sus obras no son más que una repetición de la anterior, de un modo, de una forma, ya no hay preguntas, sólo una manera del hacer.

¿Por qué es importante este salón de arte joven? porque permite al público local conocer la producción artística de sus jóvenes; hay pocas oportunidades para ello; los artistas visuales del departamento del Meta cuentan con pocos espacios que les de visibilidad y permita la confrontación, con sus pares y la comunidad, como ejercicio de construcción de comunidad e identidad, de sus procesos y lenguajes contemporáneos, así como los posibles movimientos artísticos o tendencias con las que se identifican.

La selección de artistas fue amplia en criterios, hubo una barrera de comprensión que se aclaró con los artistas, la convocatoria establecía que se debía referir al patrimonio inmaterial de alguna forma y tomaba la definición de la Unesco para definir este término “el patrimonio inmaterial es: tradicional, contemporáneo y viviente a un mismo tiempo; integrador; representativo y basado en la comunidad” Pero decir patrimonio, pensaron muchos que era hablar de “llaneridad”;  dos acepciones de los términos bastante equivocados; el patrimonio es como la cultura, amplio, pero el término ha sido limitado localmente a salvaguardar las producciones folclóricas e identitarias afincadas en lo “llanero”  y si leemos con atención la definición, el patrimonio es algo que atraviesa el tiempo e identifica a la comunidad, no la uniforma, es algo así como ser joven.

En este sentido las expresiones culturales per se son patrimoniales, tan claro es, que si un artista va a salir con una pintura artística del país o enviarla por correo debe tener permiso del Ministerio de Cultura porque ese objeto es considerado patrimonial independientemente de si es obra de un artista profesional o un aficionado. Hace falta aclarar muchas cosas localmente, algunos aun piensan que es arte simplemente porque se pinta al oleo y si se usan otros materiales pictóricos no tiene el mismo valor; que equivocados están, el material no hace arte, es el artista quien hace arte.

Esta exposición presenta obras de Ángel Mary Nieva, dibujos de manos como retratos, piensa la artista que la expresión de las manos dice muchas cosas de a quien pertenecen, el todo expresado en una parte, pero no solo eso, es la relación entre el artista y el modelo, ahí ocurren cosas, hay cierta intimidad y complicidad en ese acto, como en la fotografía de modelo, el fotógrafo debe hacer sentir cosas al modelo para que exprese eso que quiere registrar.

 

Arnold Rodas, artista urbano, diseñador digital y traductor, muchos oficios, pero aún hay tiempo para la creación artística, una pintura y reinterpretación de algo que le llama la atención, la imagen fragmentada a partir de una fotografía apropiada del rostro de un indígena sikuani, ellos han perdido su mundo, fueron fragmentados. 

 

Carolina Revelo, un diario de artista llamado “colección la calle” como registro gráfico de una investigación de historia y tiempo actual de Villavicencio realizado por la artista.

 

Carolina Sarmiento, testigo del desplazamiento del pueblo Sikuani cuando llega a Acacias, su ciudad de residencia, advertir las condiciones desafortunadas de madres con sus hijos al ser despojadas de sus territorios y huir a otros lugares sin mas que lo que llevan puesto, realiza la pintura “ADN” como expresión del vinculo como seres de la misma especia que somos, óleo y sangre suya y de otros donantes como savia que nos recorre.

 

Colectivo Bici-Osas, tres jóvenes mujeres: Juanita Suarez, Julieth Barbón y Paola Castro conforman este colectivo de artistas en bicicleta que recorren la ciudad en un performance permanente de arte acción y comercialización de su obra, algo así como la fábrica de Warhol pero en bicicleta.

 

Colectivo de Nathalí Perdomo y Tatiana Herrera, una coincidencia técnica y de tema, la violencia a los niños y a las mujeres, en estampas de grabado en linóleo a blanco y negro cargadas de dramatismo. Daniela Carreño, “GANE FACIL Y RAPIDO ¡meta la argolla en la botella!” instalación que nos recuerda los domingos de ir al parque, los juegos de los mercachifles de diversiones, de ellos hablo García Márquez en Cien años de soledad “habían demostrado en poco tiempo que no eran heraldos del progreso, sino mercachifles de diversiones. Inclusive cuando llevaron el hielo, no lo anunciaron en función de su utilidad en la vida de los hombres, sino como una simple curiosidad de circo.”

 

Duván Rojas, retratos en fotografía de adultos mayores, el vaticinio del tiempo, el olvido del mundo, el inexorable camino a la vejez y las marcas en el rostro de ese pasado, de esa vida transcurrida.

 

German Blanco, con un dibujo fragmentado de nombre “Narciso” un reflejo, pero no de la imagen como en el héroe griego, sino un retrato psicológico del individuo alienado por la superficialidad social.

 

Guisella Velásquez, el extranjero local, les sucede a los individuos que cuando se alejan del territorio donde se han criado que al irse lejos sientan añoranzas por los identitarios, una cayena, una mujer, una misma cosa, baile del joropo con forma de cayena.

 

Jessica Gamba, tiene un hijo con una condición médica, el arte le sirve para expresar eso que siente, dar a conocer su situación, un trabajo valiente, una instalación de múltiples objetos que nos recrea el ambiente hospitalario y los tratamientos a que es sometido su hijo. 

 

María José Nossa, los ojos son el reflejo del alma, dice el adagio, tenemos un autorretrato magníficamente pintado, que nos quiere decir la artista, ella lo sabe, tal vez si vemos con atención su mirada lo sepamos también.

 

María Monroy, esta artista de un tema aparentemente bucólico, sutilmente se refiere a la producción de piña local, un renglón económico de importancia donde para la mayoría es simple, cultivar y vender, la cosa no para ahí.

 

Miler Tautiva, exploración de materiales y de oficios, retratos de su entorno pintados con materiales relacionados con los oficios que realizan los retratados, el mecánico con valvulina, el jardinero con trazas de la hierba cortada, nuevamente atención al entorno, la curiosidad de los artistas sobre los demás.

 

Nicolas Bustamante, retratos al óleo sobre papel que en palabras del artista “No se cómo describir lo que hago, creo que es solo la forma en que percibo a las personas y su relación conmigo, con un cierto foco un poco en lo negativo, conflictivo o cosas que no se explicar, como en el retrato de mi madre, que lo veo tan bien, como mal.”

 

José R. Franco, fotógrafo de retratos, nuevamente el ojo curioso del artista indagando en su modelo, creando una historia en fotografía.

 

Tatiana Salazar, seres fantásticos pintados al óleo, con elementos que se repiten, retratos tal vez psicológicos o solo tal vez es lo que vemos ahí.

 

Wendy Moreno, “Misantropía” se llama su obra, el misántropo es el ser que odia a los demás, apuntala la artista “y a sí mismo”; este concepto acuñado en un libro de artista con el mismo título.

 

Yesica Ruiz, una artista llanera, con fuertes lazos ancestrales con Ramiriquí donde vive su abuela, quien tiene una tradicional y quizás la mas antigua fabrica de arepas del pueblo, su tema el maíz y la conservación de las semillas nativas que se resisten a desaparecer frente al comercio multinacional transgénico, una instalación conformado por una pintura de un grano de maíz y muestras de semillas de diferentes tipos de maíz, especialmente la variedad gato.

 

Yirley Marín, fotografías tomadas por la artista desde la aplicación Instagram y que circulan junto a millones de imágenes de millones de seres humanos, pero estas son especiales por quien las toma, el ojo del fotógrafo contemporáneo y la capacidad de ver y estetizar la mirada.

Texto por: Libardo Archila S.

 

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